La Linterna Mágica

27 junio 2006

El calamar y la ballena


¿Quién gana cuando se enfrentan una ballena y un calamar? Es imposible saberlo. De lo único que podemos tener certeza es que los dos saldrán gravemente heridos. Pero no, por ahí no van los tiros. Y si digo más, destrozo la película.

Una Historia de Brooklyn. Así es cómo han traducido en España la cuarta película como director del cineasta, actor y guionista Noah Baumbach que, en The Squid and the Whale, su título original (El calamar y la ballena), desgrana con acierto y valentía no sólo la sordidez de un divorcio, sino también, y lo que es más importante, las consecuencias emocionales y psicológicas de una ruptura familiar.

Ambientada en el Nueva York de los años ochenta, con ese olorcillo a rancio tan encantador, la película se muestra incisiva desde el principio. Una escena de un partido de tenis en familia nos muestra la agresividad y competividad del marido hacia su mujer y la devoción de cada hijo con cada uno de sus congéneres. La separación ha llegado y no hay rodeos ni vuelta atrás: Una historia de Brooklyn quiere ir al grano, por eso mete el dedo en la llaga y hasta el fondo, narrando con estilo y elegancia, pero sin concesiones ni sentimentalismos, el deterioro de las relaciones afectivas que se produce tras la separación de una pareja con hijos.

Bernard Berkman, un tipo cutre y engreído, escritor trasnochado que se dedica a la enseñanza, se marcha de casa al no soportar más las infidelidades y éxito literario de su mujer, Joan. Walt, el inseguro y seudointelectual hijo mayor adolescente, toma rápidamente partido por su padre, mientras que el pequeño, un prepúber con más interés en el tenis y en la masturbación que en los libros, se decanta por su madre.

Los enredos, disputas, malentendidos y situaciones delirantes van sucediéndose en el metraje con una perspectiva cómica que deja siempre un poso de melancolía en el espectador. Casi siempre te quedas con una sonrisa amarga de medio lado. Amas y odias a los personajes porque en ellos ves cosas que amas y odias de ti mismo y de los demás. Porque el gran acierto de esta película son los personajes y los actores.

Los actores que dan vida a los hijos, Jesse Eisenberg y Owen Kline, lo bordan. Anna Paquin y William Baldwin hacen gala de sus mejores registros: nínfula devorahombres y chuloplayas guarrete, respectivamente. Jeff Daniels, al que Hollywood tan injustamente ha tratado, da una perfecta réplica de un intelectual egocéntrico insufrible. Irresistible está, como siempre, Laura Linney, interpretando a Joan, la madre progre, un rol muy interesante, aunque, para mi gusto, un tanto desdibujado en favor de los personajes masculinos. Linney, que compagina a la perfección trabajos hollywoodienses de peso con melodramas más o menos indis, será en unos años una Meryl Streep en toda regla, a pesar de estar, por ahora, en un discreto segundo plano respecto a otras compañeras de profesión mucho más exuberantes y carismáticas. Sin embargo, Laura Linney posee una capacidad innata para abordar con contención papeles sumamente intensos, y la cámara adora su belleza serena y, a ratos, anodina.

En resumen. Quien crea que va a ver un producto de Sundance, se equivoca. Aunque el movimiento de la cámara y el rollo gafapasta que se traen los personajes nos puedan hacer sospechar de que estamos ante una peli indie prefabricada, la cinta consigue absorberte desde los primeros minutos, con unos personajes llenos de aristas, que se ven incapaces de ceder ante los deseos ajenos y que ponen los suyos siempre por delante, que llevan hasta las últimas consecuencias sus neuróticas personalidades. Osea, todo muy posmoderno: quiero ser alguien, quiero que me quieran, quiero follar. El pan nuestro de cada día.

Siento la falta de actualización. Gracias por seguir curioseando por aquí de vez en cuando.

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03 junio 2006

X-Men: Decisión Final

Como todo el mundo sabe (y si no lo sabes, te lo digo ya), soy friki de los cómics de superhéroes, en concreto de Marvel y, concretando más, de la Patrulla-X. En fin, que muy truño tenía que ser esta tercera parte de la saga de los X-Men para que no me gustase. Y, efectivamente, gustarme, me gustó. Leo por ahí en los comentarios que hacen periodistas, críticos y aficionados a la crítica de cine como yo que si se nota muchísimo la ausencia de Bryan Singer, que si los mutantes son menos oscuros y más descerebrados, que si mucha fanfarria y poca chicha... Yo les diría: pero, coño, ¿qué os creéis, que los cómics de la Patru eran novelas de Joyce?

Susceptibilidades personales aparte, hay que reconocer que la conclusión es menos de lo que esperábamos, pero no deja de cumplir sus objetivos. Es divertida, efectista, emocionante y salen mutantes a mogollón, mostrando sus increíbles poderes y dándose mamporros unos con los otros. Desde luego, yo me lo pasé como un enano viendo, por ejemplo, el lanzamiento especial que hace Coloso con Lobezno, las peleas entre Tormenta y Calisto o la transformación de Bobby en el cubito de hielo que todos conocimos en los primeros cómics de Lee y Kirby.

El problema es que, quien mucho abarca, poco aprieta, y eso es un poco lo que sucede aquí. Demasiadas tramas y personajes para una sola película: la Cura, el Ángel, las dudas de Pícara, la aparición de Fénix Oscura y La Bestia, el liderazgo de Tormenta... Todo sucede apresuradamente, atropelladamente incluso, y eso desdibuja la cohesión argumental que se había desarrollado en las anteriores entregas. Por poner un ejemplo, todo el mundo está de acuerdo en que Cíclope es un sieso, pero, ¿era necesario ningunearle de ese modo? Lo mismo podemos decir de la pérdida de peso en el guión de mutantes tan interesantes como Mística, en favor de otros tan aburridos como Pyros.

Demasiado ligeras y prescindibles son también las presentaciones de El Ángel, que no aporta nada a la película (aparte de una escalofriante escena de su infancia, una de las mejores de la peli), o el Juggernaut, el más lamentable de todos. Sabemos que Caín Marko tenía neurona y media, pero su importancia en la historia original de la Patrulla-X y en la vida del Profesor Xavier es tanta que no se merece aparecer así, como un capullo rompetechos. Mucho más acertadas son las apariciones de Arco Voltaico y el Hombre Múltiple (interpretados por dos modelos, Omayhra Mota y Eric Dane), mutantes totalmente secundarios en los cómics que hacen su función perfectamente en la película: son carne de cañón, pero con elegancia, misterio y presencia.

La falta de respeto de X-Men3 a algunos de los personajes originales es a veces sonrojante. Por ejemplo, Calisto está casi inventada. No tiene nada que ver con el dramatismo y sordidez que muestra su réplica original en los tebeos. Lo mismo podemos decir de Mariposa Mental, que, según todas las webs que he leído, es la tipa de pelo azul que acompaña a los Morlocks/Merodeadores que se alían con Magneto. Pues nada, resulta que sale la explosiva Betsy Braddock y tú ni te das cuenta porque su papel es totalmente accesorio.

No obstante, Brett Ratner, el director, ha sabido resolver con ingenio algunas de las líneas secundarias que los fans esperábamos con ganas y que se nos había anunciado: por ejemplo, la aparición de los Centinelas es anecdótica, pero coherente, ya que sirve para dar a conocer al público la mítica Sala de Peligro. Aunque perdemos de vista a Pícara, que es una pena, porque tiene un potencial enorme que se ha desaprovechado en TODAS las pelis de los X-Men (también en las de Singer), a cambio ganamos con Kitty Pryde, el Hombre de Hielo y Coloso, todos ellos muy similares a los originales, atractivos y bien definidos. Por cierto, hay alguna que otra escena picantona muy sexy que hace que la peli gane puntos: el desnudo de Mística es uno, pero sobre todo, el jaleíto que se traen Jean Grey y Logan, que llega aquí a sus puntos más calientes.


Respecto a los actores, Hugh Jackman está estupendo como siempre, pero quien sobresale es Famke Janssen, fabulosa y aterradora como Fénix Oscura. Ian McKellen, como siempre, impecable (un poco loca, como siempre que se mete en la piel de Magneto) y Patrick Stewart, que también está bien, aunque ya huele con ese aire solemne que le pone a Xavier. La revelación viene de la mano de Ellen Page, que resulta de lo más convincente como Kitty Pryde. Voy a tener que ir a ver Hard Candy.


En resumen, una peli para todos los públicos, entretenida y emocionante, pero totalmente prescindible si pasas de los superhéroes y el cine de acción. Por cierto, impresionante la secuencia final... ¿Habrá X-Men 4? ¡Esperemos que sí!

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