La Linterna Mágica

18 enero 2008

Expiación o el placer de la inmodestia


No soporto leer una crítica negativa de una película que me ha encantado; supongo que le pasa a todo el mundo. Sin embargo, lo que más me molesta es leer sandeces sin sentido para criticar una película que, si bien no me parece que salve el mundo del cine, consigue ofrecer al espectador algo más que la basura que estamos acostumbrados a soportar en las salas.

Expiación (me permitirán que obvie el resto del repelente título que le han plantado en España) es una película afectada y manierista, porque es inglesa, de época, basada en un novelón y porque es un drama romántico. Hasta ahí estamos todos de acuerdo. Y con sus muchos peros, que son unos cuantos y a pesar de ese final tan desacertado, me parece una excelente película que se disfruta si somos conscientes de lo que vamos a ver y si nos quitamos prejuicios de encima.

Expiación es una película teatral, ficcionada, si se me permite el término (¡si ya desde el principio nos lo están advirtiendo!. En la que todo el argumento (un aplauso para Christopher Hampton, que no hacía un guión tan estupendo desde Las amistades peligrosas) gira en torno a un acontecimiento que desemboca en desastre. Y todo va sobre el antes, mediante y después del desastre. Por eso quizá parece en exceso descriptiva, narrativa, reiterativa por sus continuos flashbacks y elipsis. Por eso, puede resultar lenta. Por eso, puede resultar pretenciosa. No voy a justificar este punto. Tengo cierta debilidad personal por la artifiosidad bien hecha. Y ésta es de primera calidad. Sin embargo, ahí está en parte la gracia de la película.

Expiación es un ejercicio de virtuosismo gourmet de su director, Joe Wright, que parece buscar un contenido para ofrecer los continentes que es capaz de fabricar. Y como todo virtuoso, le gusta fardar... Y vaya si farda con sus planitos de quitar el hipo (atención a uno de los mejores planos de secuencias que he visto nunca). Pero es que aquí se luce el director de fotografía, la dirección artística, el encargado de montaje y Dario Marianelli, el compositor de la alucinante música original de la película. Una película que se disfruta sobre todo con los sentidos.

Pero también se luce el reparto. Sigo sin ser fan de Keira Knightley, aunque le concedo que aquí está más que correcta: es grácil y ligera cuando ha de serlo; apasionada y atormentada cuando toca. Pero es que, además, sale estupenda: y se deja querer por la cámara como le da la gana. De los que me declaro admirador desde ya es del valor en alza, James McAvoy, y de la espectacular chavala, Saoirse Ronan, la hermana que desata la tragedia.

En fin, sé que esto parece una respuesta a algo que he visto escrito por ahí, y que no suelo comentar las pelis en este plan. Pero me apetecía desahogarme: una película larga y lenta no tiene por qué ser una mala película; una película afectada no tiene por qué ser artificial; un director que sabe hacer las cosas bien puede pecar de inmodesto. Para mediocres, ya tenemos los multicines llenos de pelis cutres hechas por directores cutres.

Lo peor de todo es que ni siquiera me encantó la película. Pero cuando disfruto del espectáculo del cine, lo reconozco. Y con Expiación se disfruta, y mucho.

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