Blog del programa de radio sobre cine presentado por Ayoze García y Orlando Santana entre 2010 y 2014
Friday, April 13, 2012
Hitos del Festival de Cine de LPGC
Se nos había olvidado comentar que en el blog Misterioso Objeto al Mediodía puedes encontrar nuestras listas con lo más destacado del Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, junto a las de otros espectadores y expertos. ¡Gracias por haber pensado en nosotros!
Friday, March 30, 2012
Programa #67
Descarga el programa en diferentes formatos desde el Internet Archive
Retomamos nuestra programación habitual con una entrevista al crítico José Manuel Serrano Cueto, autor de un libro sobre Tod Browning. Y también hablamos con David Pantaleón y Roberto Pérez Toledo, ganadores de la sección Foro Canario del Festival de Cine de LPGC.
Sunday, March 25, 2012
Viendo el festival (¡y IX!): Despedida desde el corredor de la muerte
Por Ayoze García
Mi momento herzogiano preferido aparece en Corazón de cristal, de 1976: dentro de una taberna abarrotada, la tonta del pueblo sujeta un pato; de repente, una mano de propiedad desconocida aparece a un lado de la pantalla, se posa en la cabeza de la chica y la hace girar cual figurín de una caja de música. ¿Qué sentido tiene? ¡Quién sabe! Ese es el tipo de enigmas que hace tan especial el cine del alemán Werner Herzog.
Este sábado terminé mi experiencia festivalera viendo los cuatro capítulos de Death Row, serie documental en la que el director de El hombre oso entrevista a presos en el corredor de la muerte. Otra película suya de temática similar, Into The Abyss, estaba presente también en la programación del Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, y de hecho en esta última jornada cabía la posibilidad de pegarnos un maratón carcelario porque se proyectaba justo antes que Death Row.
En vez de eso me decanté por Cisne, último trabajo de la arriesgada realizadora portuguesa Teresa Villaverde, incluido en la Sección Informativa al igual que los documentales de Herzog. Tengo la impresión de que al público Cisne le decepcionó, y yo tampoco fui capaz de conectar con la angustia de sus personajes, aunque vamos a dejarlo en que a estas alturas de festival la disposición de uno para digerir según qué propuestas no es la misma que hace unos días.
Habría que estar mucho peor, no obstante, para quedar impasible ante el desfile de crímenes absurdos y confesiones viscerales que Werner Herzog nos presenta en Death Row.
El director deja claro a uno de estos presos que él no está de acuerdo con la pena de muerte, pero que tampoco pretende ayudarle a demostrar su inocencia. Según se especifica en los títulos de créditos, cada capítulo es un retrato, y Herzog pone el énfasis en desnudar ante la cámara los sentimientos, los sueños y los remordimientos del condenado.
Eso da pie a varios momentos tan gloriosamente absurdos como el que mencionaba al principio, por ejemplo cuando un asesino en serie y pirómano cuenta como si nada que su plato favorito es la carne a la parrilla. Solo en el último capítulo, dedicado a una mujer llamada Linda Carty, se deja llevar Werner Herzog hacia el formato más televisivo de reconstrucción del crimen. También hay que admitir que ese es un caso de película en el que no se sabe si a Linda Carty la involucraron en un asesinato por trabajar para una agencia antidroga o si lo orquestó todo ella para robarle el bebé a unos vecinos.
Con esa incógnita concluyó esta decimotercera edición del Festival de Cine de LPGC. Del palmarés me había enterado por la mañana, y pese a que no lo comparto al 100% (sigo pensando que Tabú es bastante mejor que The Loneniest Planet), no encuentro demasiados motivos de queja.
Este año, qué se le va a hacer, me he quedado con las ganas de ver My Joy de Sergei Loznitsa y alguna más de Bernard Émond, mientras que mis películas favoritas han sido Tabú, This Is Not A Film y las del ciclo de Film Comment. A propósito, el viernes vi por tercera vez Autopista alfastada en dos direcciones. ¿Recuerdan como acaba? Arde el celuloide. Se encienden las luces. ¡Y hasta el próximo año!
Mi momento herzogiano preferido aparece en Corazón de cristal, de 1976: dentro de una taberna abarrotada, la tonta del pueblo sujeta un pato; de repente, una mano de propiedad desconocida aparece a un lado de la pantalla, se posa en la cabeza de la chica y la hace girar cual figurín de una caja de música. ¿Qué sentido tiene? ¡Quién sabe! Ese es el tipo de enigmas que hace tan especial el cine del alemán Werner Herzog.
Este sábado terminé mi experiencia festivalera viendo los cuatro capítulos de Death Row, serie documental en la que el director de El hombre oso entrevista a presos en el corredor de la muerte. Otra película suya de temática similar, Into The Abyss, estaba presente también en la programación del Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, y de hecho en esta última jornada cabía la posibilidad de pegarnos un maratón carcelario porque se proyectaba justo antes que Death Row.
En vez de eso me decanté por Cisne, último trabajo de la arriesgada realizadora portuguesa Teresa Villaverde, incluido en la Sección Informativa al igual que los documentales de Herzog. Tengo la impresión de que al público Cisne le decepcionó, y yo tampoco fui capaz de conectar con la angustia de sus personajes, aunque vamos a dejarlo en que a estas alturas de festival la disposición de uno para digerir según qué propuestas no es la misma que hace unos días.
Habría que estar mucho peor, no obstante, para quedar impasible ante el desfile de crímenes absurdos y confesiones viscerales que Werner Herzog nos presenta en Death Row.
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| 'Death Row' |
El director deja claro a uno de estos presos que él no está de acuerdo con la pena de muerte, pero que tampoco pretende ayudarle a demostrar su inocencia. Según se especifica en los títulos de créditos, cada capítulo es un retrato, y Herzog pone el énfasis en desnudar ante la cámara los sentimientos, los sueños y los remordimientos del condenado.
Eso da pie a varios momentos tan gloriosamente absurdos como el que mencionaba al principio, por ejemplo cuando un asesino en serie y pirómano cuenta como si nada que su plato favorito es la carne a la parrilla. Solo en el último capítulo, dedicado a una mujer llamada Linda Carty, se deja llevar Werner Herzog hacia el formato más televisivo de reconstrucción del crimen. También hay que admitir que ese es un caso de película en el que no se sabe si a Linda Carty la involucraron en un asesinato por trabajar para una agencia antidroga o si lo orquestó todo ella para robarle el bebé a unos vecinos.
Con esa incógnita concluyó esta decimotercera edición del Festival de Cine de LPGC. Del palmarés me había enterado por la mañana, y pese a que no lo comparto al 100% (sigo pensando que Tabú es bastante mejor que The Loneniest Planet), no encuentro demasiados motivos de queja.
Este año, qué se le va a hacer, me he quedado con las ganas de ver My Joy de Sergei Loznitsa y alguna más de Bernard Émond, mientras que mis películas favoritas han sido Tabú, This Is Not A Film y las del ciclo de Film Comment. A propósito, el viernes vi por tercera vez Autopista alfastada en dos direcciones. ¿Recuerdan como acaba? Arde el celuloide. Se encienden las luces. ¡Y hasta el próximo año!
Saturday, March 24, 2012
Viendo el festival (VIII): Lazarillos de lujo en el eje NuevaYork-Canarias
Por Ayoze García
Hacer un documental elogioso sobre un artista parece relativamente sencillo. Hacer un documental que nos ayude a mirar con los ojos de ese artista y plantee cuestiones más allá de la trascendencia de su obra... eso ya debe ser más complicado.
Y justo ahí radica el atractivo de dos de los documentales incluidos en la sección Foro Canario que pudimos ver este viernes, penúltimo día del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.
Aldecoa, la huida al paraíso habla de la pasión que el escritor vasco Ignacio Aldecoa sentía hacia Canarias, desde su perspectiva de persona con mucho mundo que sabía captar con su pluma esas virtudes que cada lugar tiene y acaban pasando inadvertidas para sus propios habitantes. Mientras que Tan antiguo como el mundo (el título viene de una cita de Hölderlin) es un diálogo no carente de tensión con el pintor Antón Lamazares, quien se aferra a conceptos casi obsoletos (la vida de aldea, el trabajo manual) en medio del desenfreno moderno.
A lo largo de estos viajes que emprendemos de la mano de Aldecoa y Lamazares, las fronteras entre lo local y lo global se difuminan, generando estimulantes descubrimientos.
Por ejemplo: solo alguien como el escritor de Vitoria podía haber establecido un eje imaginario entre Nueva York y Canarias, que según cuenta su hija eran sus dos paraísos particulares. La icónica urbe estadounidense también aparece recontextualizada en Tan antiguo como el mundo, desde la distancia, resaltando la artificialidad de la silueta de los rascacielos. "Parece una maqueta", dice Javier Sanz Fuentes, quien ha dirigido este libérrimo documental junto a su hermana Nayra.
Javier y Nayra se han pasado más de tres años rodando no solo en Nueva York y en la aldea de Lamazares, sino también en Berlín, Budapest, etc. Buscaban de esta forma dar un caracter más universal a los temas abordados en las conversaciones con el pintor. Sin embargo, la escena de mayor impacto transcurre en el estudio del artista: como aparece al final mejor no desvelarla, solo diré que ese es el punto en el que Tan antiguo como el mundo roza lo extraordinario al mostrar a las claras que la creación artística es a menudo un acto de violencia más o menos sublimada.
Por su parte, Miguel G. Morales prosigue con este trabajo sobre Ignacio Aldecoa su indagación acerca de la vida y obra de figuras que han dejado huella en la cultura canaria: el año pasado trajo al festival su documental Una luz en la isla. Domingo Pérez Minik, y en la presente edición presenta otro, fuera de concurso, dedicado a Domingo López Torres.
Precisamente, Minik fue uno de los mejores amigos que Aldecoa tuvo en Canarias. En La huida al paraíso, Iñaki Gabilondo se encarga de la narración y el también periodista Juan Cruz recorre los lugares sobre los que había escrito el vasco. Aprendemos así que además de las poéticas y certeras descripciones de cada isla recogidas en su Cuaderno de Godo, Ignacio Aldecoa ambientó su novela Parte de una historia en La Graciosa. "Mi padre decía que el paraíso tiene que estar lejos", rememora Susana Aldecoa. Él, al menos, encontró el suyo.
Hacer un documental elogioso sobre un artista parece relativamente sencillo. Hacer un documental que nos ayude a mirar con los ojos de ese artista y plantee cuestiones más allá de la trascendencia de su obra... eso ya debe ser más complicado.
Y justo ahí radica el atractivo de dos de los documentales incluidos en la sección Foro Canario que pudimos ver este viernes, penúltimo día del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.
Aldecoa, la huida al paraíso habla de la pasión que el escritor vasco Ignacio Aldecoa sentía hacia Canarias, desde su perspectiva de persona con mucho mundo que sabía captar con su pluma esas virtudes que cada lugar tiene y acaban pasando inadvertidas para sus propios habitantes. Mientras que Tan antiguo como el mundo (el título viene de una cita de Hölderlin) es un diálogo no carente de tensión con el pintor Antón Lamazares, quien se aferra a conceptos casi obsoletos (la vida de aldea, el trabajo manual) en medio del desenfreno moderno.
A lo largo de estos viajes que emprendemos de la mano de Aldecoa y Lamazares, las fronteras entre lo local y lo global se difuminan, generando estimulantes descubrimientos.
Por ejemplo: solo alguien como el escritor de Vitoria podía haber establecido un eje imaginario entre Nueva York y Canarias, que según cuenta su hija eran sus dos paraísos particulares. La icónica urbe estadounidense también aparece recontextualizada en Tan antiguo como el mundo, desde la distancia, resaltando la artificialidad de la silueta de los rascacielos. "Parece una maqueta", dice Javier Sanz Fuentes, quien ha dirigido este libérrimo documental junto a su hermana Nayra.
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| 'Tan antiguo como el mundo' |
Javier y Nayra se han pasado más de tres años rodando no solo en Nueva York y en la aldea de Lamazares, sino también en Berlín, Budapest, etc. Buscaban de esta forma dar un caracter más universal a los temas abordados en las conversaciones con el pintor. Sin embargo, la escena de mayor impacto transcurre en el estudio del artista: como aparece al final mejor no desvelarla, solo diré que ese es el punto en el que Tan antiguo como el mundo roza lo extraordinario al mostrar a las claras que la creación artística es a menudo un acto de violencia más o menos sublimada.
Por su parte, Miguel G. Morales prosigue con este trabajo sobre Ignacio Aldecoa su indagación acerca de la vida y obra de figuras que han dejado huella en la cultura canaria: el año pasado trajo al festival su documental Una luz en la isla. Domingo Pérez Minik, y en la presente edición presenta otro, fuera de concurso, dedicado a Domingo López Torres.
Precisamente, Minik fue uno de los mejores amigos que Aldecoa tuvo en Canarias. En La huida al paraíso, Iñaki Gabilondo se encarga de la narración y el también periodista Juan Cruz recorre los lugares sobre los que había escrito el vasco. Aprendemos así que además de las poéticas y certeras descripciones de cada isla recogidas en su Cuaderno de Godo, Ignacio Aldecoa ambientó su novela Parte de una historia en La Graciosa. "Mi padre decía que el paraíso tiene que estar lejos", rememora Susana Aldecoa. Él, al menos, encontró el suyo.
Friday, March 23, 2012
Programa #66
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Termina aquí nuestro seguimiento especial en la radio del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, aunque seguiremos publicando crónicas en el blog. En esta ocasión entrevistamos al coordinador del catálogo, Víctor Rosales, y a tres mujeres impulsoras del proyecto de la Cátedra Josefina de la Torre que este año se suma al festival: Nanda Santana, Alicía Díaz y Helena Taberna.
Por último, hablamos con Jesús Palacios acerca de La Noche + Freak e hicimos una breve conclusión después de haber dedicado tantas horas de programación al festival.
Viendo el festival (VII): Síndrome del Festivalero Saturado
Por Ayoze García
Te sientes embotado, llega un momento en que no sabes muy bien en qué sala de los multicines has entrado y tu pasión por el séptimo arte se tambalea temporalmente. Son los síntomas del Síndrome del Festivalero Saturado, que suele manifestarse a partir del quinto día seguido de dormir poco y ver muchas películas. Y tiene peligro, porque te puede obligar incluso a abandonar la sala a mitad de proyección (que tome nota la Policía de la Cinefilia para quitarme unos cuantos puntos del carné, pero ya).
En estos casos, lo mejor es tomárselo con calma y de ahí que tras esa inconfesable incursión fallida me conformara este jueves con el segundo bloque de cortometrajes de la Sección Oficial del Festival de Cine de LPGC, que tampoco estuvo mal.
Fueron cinco trabajos, de entre 10 y 48 minutos, en los que encontramos un poco de todo: diarios de viaje, comedia, cine histórico e historias cotidianas.
La Rusia del pasado y del presente quedó reflejada, respectivamente, en 1937 y Diario Ruso. En el primero de esos cortometrajes, dirigido por Svetozar Golovlev, palpita la paranoia a la que el régimen stalinista condujo a sus ciudadanos. En el año de la conocida como Gran Purga, que acabó con la ejecución de cientos de miles de supuestos opositores, un joven matrimonio tendrá que actuar como criminales a la fuga para bautizar a su hijo. Se trata de una pequeña película sobria e impecable, de la que se pueden extraer lecciones más allá del momento histórico concreto.
Luego está Diario Ruso, del chileno Jorge Tur Moltó, el resultado de un viaje emprendido por una pareja que se disuelve (y no, aquí no hay ningún guía georgiano como en The Loneniest Planet, quédense tranquilos). Dicha circunstancia le da más peso a las imágenes documentales tomadas por Moltó, porque entendemos lo que significan esos planos furtivos de la chica de las botas rojas. El desencanto sentimental lleva al autor de Diario Ruso a fijarse en otras personas "que sí se siguen llevando bien pese al frío", y que juegan con bloques de hielo o comparten la alegría de escuchar una canción que les gusta.
El representante español en este bloque de cortos, Chus Domínguez, viajó por su parte a Italia para reconstruir el recorrido por la costa italiana que Pasolini hizo en 1959 y que quedó plasmado en la serie de reportajes Larga carretera de arena. Primero filmando en blanco y negro, Domínguez se dio cuenta de lo que quería exactamente al llegar a Ostia, donde años después encontraría su final el poeta, intelectual y autor entre otras películas de El Evangelio según San Mateo. Ahí es cuando se pasa del blanco y negro al color, y de la reconstrucción de un viaje al concepto reflejado en el título del documental: Catálogo de escenarios para la muerte de Pier Paolo Pasolini.
"Este catálogo de lugares plantea un cuestionamiento de nuestra aceptación de la diferencia insurrecta y crítica", reza el texto del catálogo del festival. Y bueno, es una forma de verlo. Pese a que a mí no me disgustó, querría saber cuáles pueden ser los criterios para juzgar más de 40 minutos de planos fijos de paisajes poco vistosos. ¿Qué imagen es más poética, la de esta alcantarilla o la de aquel muro? Resulta complicado en caso de que queramos olvidarnos del contexto teórico.
Frente a eso, la presencia de un corto como The Dance sólo puede interpretarse como un necesario momento de respiro. En diez minutos, el canadiense Pardis Parker dirige y protagoniza una historia romántica y cómica en una oficina. Por eso uno se acuerda de la mítica serie de Steve Carell, y Parker sale bien parado de esa injusta comparación.
Y para lo último dejamos el que probablemente sea el título con más posibilidades de hacerse con un premio entre los presentados en este segundo bloque. The Nest, del georgiano Tornike Bziava, logra en 21 minutos dibujar con certeza a sus personajes y dejar que las escuetas premisas del argumento respiren y se desarrollen con naturalidad. Bravo.
Te sientes embotado, llega un momento en que no sabes muy bien en qué sala de los multicines has entrado y tu pasión por el séptimo arte se tambalea temporalmente. Son los síntomas del Síndrome del Festivalero Saturado, que suele manifestarse a partir del quinto día seguido de dormir poco y ver muchas películas. Y tiene peligro, porque te puede obligar incluso a abandonar la sala a mitad de proyección (que tome nota la Policía de la Cinefilia para quitarme unos cuantos puntos del carné, pero ya).
En estos casos, lo mejor es tomárselo con calma y de ahí que tras esa inconfesable incursión fallida me conformara este jueves con el segundo bloque de cortometrajes de la Sección Oficial del Festival de Cine de LPGC, que tampoco estuvo mal.
Fueron cinco trabajos, de entre 10 y 48 minutos, en los que encontramos un poco de todo: diarios de viaje, comedia, cine histórico e historias cotidianas.
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| '1937' |
La Rusia del pasado y del presente quedó reflejada, respectivamente, en 1937 y Diario Ruso. En el primero de esos cortometrajes, dirigido por Svetozar Golovlev, palpita la paranoia a la que el régimen stalinista condujo a sus ciudadanos. En el año de la conocida como Gran Purga, que acabó con la ejecución de cientos de miles de supuestos opositores, un joven matrimonio tendrá que actuar como criminales a la fuga para bautizar a su hijo. Se trata de una pequeña película sobria e impecable, de la que se pueden extraer lecciones más allá del momento histórico concreto.
Luego está Diario Ruso, del chileno Jorge Tur Moltó, el resultado de un viaje emprendido por una pareja que se disuelve (y no, aquí no hay ningún guía georgiano como en The Loneniest Planet, quédense tranquilos). Dicha circunstancia le da más peso a las imágenes documentales tomadas por Moltó, porque entendemos lo que significan esos planos furtivos de la chica de las botas rojas. El desencanto sentimental lleva al autor de Diario Ruso a fijarse en otras personas "que sí se siguen llevando bien pese al frío", y que juegan con bloques de hielo o comparten la alegría de escuchar una canción que les gusta.
El representante español en este bloque de cortos, Chus Domínguez, viajó por su parte a Italia para reconstruir el recorrido por la costa italiana que Pasolini hizo en 1959 y que quedó plasmado en la serie de reportajes Larga carretera de arena. Primero filmando en blanco y negro, Domínguez se dio cuenta de lo que quería exactamente al llegar a Ostia, donde años después encontraría su final el poeta, intelectual y autor entre otras películas de El Evangelio según San Mateo. Ahí es cuando se pasa del blanco y negro al color, y de la reconstrucción de un viaje al concepto reflejado en el título del documental: Catálogo de escenarios para la muerte de Pier Paolo Pasolini.
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| 'Catálogo de escenarios para la muerte de Pier Paolo Pasolini' |
"Este catálogo de lugares plantea un cuestionamiento de nuestra aceptación de la diferencia insurrecta y crítica", reza el texto del catálogo del festival. Y bueno, es una forma de verlo. Pese a que a mí no me disgustó, querría saber cuáles pueden ser los criterios para juzgar más de 40 minutos de planos fijos de paisajes poco vistosos. ¿Qué imagen es más poética, la de esta alcantarilla o la de aquel muro? Resulta complicado en caso de que queramos olvidarnos del contexto teórico.
Frente a eso, la presencia de un corto como The Dance sólo puede interpretarse como un necesario momento de respiro. En diez minutos, el canadiense Pardis Parker dirige y protagoniza una historia romántica y cómica en una oficina. Por eso uno se acuerda de la mítica serie de Steve Carell, y Parker sale bien parado de esa injusta comparación.
Y para lo último dejamos el que probablemente sea el título con más posibilidades de hacerse con un premio entre los presentados en este segundo bloque. The Nest, del georgiano Tornike Bziava, logra en 21 minutos dibujar con certeza a sus personajes y dejar que las escuetas premisas del argumento respiren y se desarrollen con naturalidad. Bravo.
Thursday, March 22, 2012
Programa #65
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En nuestra penúltima edición especial dedicada al Festival Internacional de Cine de LPGC hablamos en primer lugar con los directores Amaury Santana y María Sosa, que se presentaron al Foro Canario. Luego tuvimos un coloquio de espectadores y críticos con Jesús García de la Asociación de Cine Vértigo, Miguel Acín y Aythami Ramos, que está escribiendo crónicas del festival en el blog Bandeja de Plata.
Por último, entrevistamos al compositor y director de orquesta Diego Navarro, que este viernes dirigirá a la Filamónica de Gran Canaria en un concierto de bandas sonoras en el Alfredo Kraus, en la que es la primera colaboración entre el Festival de LPGC y Fimucité (Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife).
http://www.canariasahoraradio.com/podcast/13d03794e556fc52251ada67fc04c8b5.mp3
Viendo el festival (VI): Egipto. Revolución. Robert Mitchum. Zombies.
Por Ayoze García
No solo de la Sección Oficial vive el festivalero, y más cuando estos días en Las Palmas de Gran Canaria hay en marcha ciclos tan interesantes como África Hoy o Carta blanca a Film Comment. Queriendo este miércoles acercarme a esas propuestas, me vi obligado a hacer equilibrismo con la programación: salí corriendo hacia el Monopol mientras todavía se veían los créditos finales de Microphone en el Cicca, otra de las sedes del Festival de Cine de LPGC.
Como consecuencia, me perdí los primeros cinco minutos de Adiós, muñeca aunque poco importó, allí estaba Robert Mitchum bailando al ritmo de I've Heard That Song Before (nuestra sintonía especial durante estos días en el programa de radio), y eso ya compensaba las prisas.
Pero volviendo a Microphone, pienso que si esta película del egipcio Ahmad Abdalla es representativa de la calidad del resto de títulos de África Hoy, habrá que desear que este ciclo se afiance de cara a próximas ediciones del festival.
En palabras del propio Abdalla, el 80% de historias en este fresco de la Alejandría actual (parece ser que Microphone se estrenó el mismo día en que estallaban las protestas que acabarían con Mubarak) son reales. El poder de la música como herramienta para el cambio social, o como mínimo expresar el descontento, es el hilo conductor de esta notable cinta que nos muestra a jóvenes apasionados del hip-hop y que llevan camisetas de los Ramones.
Las que se llevan la palma son unas chicas que tienen un grupo de heavy metal y cantan en inglés, con un par de narices, pero todos estos músicos luchan por mostrar su talento ante la indiferencia (o directamente la oposición hostil) de las autoridades oficiales. Uno se acuerda del director iraní Jafar Panahi en This Is Not A Film, condenado por hacer películas. Su frustración es la misma que la que sufren los protagonistas de Microphone al no encontrar ni un mísero local en el que dar conciertos.
Los mejores momentos de la película llegan, como es lógico, cuando tenemos ocasión de ver en acción a estas bandas de la escena underground alejandrina, y también resulta valiosa la panorámica que se nos ofrece sobre la situación social en Egipto antes de la Primavera Árabe.
¿Y qué decir de Adiós, muñeca, uno de los títulos del Hollywood de los setenta recuperados en el ciclo de Film Comment? El cine negro (que tradicionalmente cuenta con un espacio destacado en la programación del festival) nunca ha sido uno de mis géneros favoritos, y esta cinta es más tradicionalista que otras de la misma época como Chinatown o La noche se mueve, con una estructura argumental más que conocida y la enésima aparición del personaje del detective Philip Marlowe. Aún así, los diálogos son geniales, la ambientación muy conseguida y en lo que a las actuaciones se refiere no sólo lo borda Mitchum, sino también Charlotte Rampling haciendo de clon de Lauren Bacall.
Fantástica película, en definitiva, pese a que al ser de las más conocidas del ciclo uno iba sobre seguro. Messiah Of Evil surgió en cambio de la nada para traernos una experiencia perturbadora al filo de la medianoche (al mismo tiempo en otra sala se proyectaba la última de Sion Sono, un maestro de lo truculento al que respeto, aunque no me pidan que vea nada suyo).
Los defensores de Messiah Of Evil aluden a su sensibilidad europeizada, que sí que aporta un halo artístico a este ejercicio de cine de terror ambientado en un pueblecito costero en el que, cómo no, pronto empiezan a ocurrir cosas raras. También cabe destacar la ambigüedad de la trama y ciertos hallazgos de montaje, así como los decorados de la casa donde transcurre la acción, habitada por un pintor atormentado.
Claro que luego aparecen los zombies y con ellos se va mayormente al carajo la oportunidad de trascender las limitaciones del género, que parecía ser la intención de los creadores de esta película. ¿Se imaginan una de miedo dirigida por Antonioni y con peinados setenteros? Pues esto es quizá lo más parecido.
No solo de la Sección Oficial vive el festivalero, y más cuando estos días en Las Palmas de Gran Canaria hay en marcha ciclos tan interesantes como África Hoy o Carta blanca a Film Comment. Queriendo este miércoles acercarme a esas propuestas, me vi obligado a hacer equilibrismo con la programación: salí corriendo hacia el Monopol mientras todavía se veían los créditos finales de Microphone en el Cicca, otra de las sedes del Festival de Cine de LPGC.
Como consecuencia, me perdí los primeros cinco minutos de Adiós, muñeca aunque poco importó, allí estaba Robert Mitchum bailando al ritmo de I've Heard That Song Before (nuestra sintonía especial durante estos días en el programa de radio), y eso ya compensaba las prisas.
Pero volviendo a Microphone, pienso que si esta película del egipcio Ahmad Abdalla es representativa de la calidad del resto de títulos de África Hoy, habrá que desear que este ciclo se afiance de cara a próximas ediciones del festival.
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| 'Microphone' |
En palabras del propio Abdalla, el 80% de historias en este fresco de la Alejandría actual (parece ser que Microphone se estrenó el mismo día en que estallaban las protestas que acabarían con Mubarak) son reales. El poder de la música como herramienta para el cambio social, o como mínimo expresar el descontento, es el hilo conductor de esta notable cinta que nos muestra a jóvenes apasionados del hip-hop y que llevan camisetas de los Ramones.
Las que se llevan la palma son unas chicas que tienen un grupo de heavy metal y cantan en inglés, con un par de narices, pero todos estos músicos luchan por mostrar su talento ante la indiferencia (o directamente la oposición hostil) de las autoridades oficiales. Uno se acuerda del director iraní Jafar Panahi en This Is Not A Film, condenado por hacer películas. Su frustración es la misma que la que sufren los protagonistas de Microphone al no encontrar ni un mísero local en el que dar conciertos.
Los mejores momentos de la película llegan, como es lógico, cuando tenemos ocasión de ver en acción a estas bandas de la escena underground alejandrina, y también resulta valiosa la panorámica que se nos ofrece sobre la situación social en Egipto antes de la Primavera Árabe.
¿Y qué decir de Adiós, muñeca, uno de los títulos del Hollywood de los setenta recuperados en el ciclo de Film Comment? El cine negro (que tradicionalmente cuenta con un espacio destacado en la programación del festival) nunca ha sido uno de mis géneros favoritos, y esta cinta es más tradicionalista que otras de la misma época como Chinatown o La noche se mueve, con una estructura argumental más que conocida y la enésima aparición del personaje del detective Philip Marlowe. Aún así, los diálogos son geniales, la ambientación muy conseguida y en lo que a las actuaciones se refiere no sólo lo borda Mitchum, sino también Charlotte Rampling haciendo de clon de Lauren Bacall.
Fantástica película, en definitiva, pese a que al ser de las más conocidas del ciclo uno iba sobre seguro. Messiah Of Evil surgió en cambio de la nada para traernos una experiencia perturbadora al filo de la medianoche (al mismo tiempo en otra sala se proyectaba la última de Sion Sono, un maestro de lo truculento al que respeto, aunque no me pidan que vea nada suyo).
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| 'Messiah Of Evil' |
Los defensores de Messiah Of Evil aluden a su sensibilidad europeizada, que sí que aporta un halo artístico a este ejercicio de cine de terror ambientado en un pueblecito costero en el que, cómo no, pronto empiezan a ocurrir cosas raras. También cabe destacar la ambigüedad de la trama y ciertos hallazgos de montaje, así como los decorados de la casa donde transcurre la acción, habitada por un pintor atormentado.
Claro que luego aparecen los zombies y con ellos se va mayormente al carajo la oportunidad de trascender las limitaciones del género, que parecía ser la intención de los creadores de esta película. ¿Se imaginan una de miedo dirigida por Antonioni y con peinados setenteros? Pues esto es quizá lo más parecido.
Wednesday, March 21, 2012
Programa #64
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Del Foro Canario hablamos este miércoles, con entrevistas a la actriz Rita Rodríguez (que aparece en el mediometraje Odio los lunes de Iván López y forma parte del Jurado Popular del Festival de Cine de LPGC), la también actriz Naira Gómez y el montador Ángel Valiente (ambos trabajaron en el corto La vida en sus manos de Mercedes Afonso).
Por último, charlamos con Javier Sanz Fuentes, codirector de la película Tan antiguo como el mundo, seleccionada también para la Sección Informativa.
Viendo el festival (V): Hospital Monopol
Por Ayoze García
Este martes en los Multicines Monopol se proyectaron los primeros pases de dos películas de la Sección Oficial que abordan, ahí es nada, la desgracia de la enfermedad y la muerte. Una temática complicada en extremo y que ha dado lugar a toda una ristra de melodramas infumables a lo largo de la historia del cine. Afortunadamente, no es ese el caso de la alemana Stopped On Track y la rumana Best Intentions.
Ambas comparten, nunca mejor dicho, buenas intenciones, así como la voluntad de eludir los senderos más trillados, un cierto sentido del humor y algún pequeño guiño surrealista (¡esa máscara de conejo a lo Inland Empire!).
La dinámica familiar, que se pone a prueba en estas situaciones, es la otra pata sobre la que reposan estas historias. En Stopped On Track, un padre de clase media inicia un viaje de trayectoria previsible cuando le diagnostican un tumor cerebral, y el interés radica en la forma en que el actor Milan Peschel retrata a ese hombre que se pone delante de la cámara de su teléfono móvil, no para dejar un mensaje solemne a sus hijos o descubrirnos el secreto de la vida, sino para contar chistes, rememorar anécdotas y buscar en la introspección algún asidero una vez ha perdido la estabilidad de su vida anterior.
"Piense en su enfermedad como en un amigo", le aconseja una terapeuta, pero resulta obvio que ninguna actitud zen podrá ayudarle demasiado, y la película no elude los detalles escabrosos, manteniendo en todo momento el equilibrio y la contención.
Se podría pedir más, pero cuesta criticar lo que nos ofrece en este trabajo Andreas Dresen. Por su parte, Best Intentions parece (y lo digo desde un desconocimiento generalizado sobre el cine actual de Rumanía) un intento de repetir el éxito de La muerte del Sr. Lazarescu, cinta de ese mismo país que hace pocos años se alzó con importantes galardones en el circuito internacional de festivales y que ya nos sumergía de lleno en las entrañas del sistema sanitario.
Best Intentions es una película no tan lograda, que tiene como protagonista a un joven que se desvive por ayudar a su madre ingresada tras sufrir un pequeño ataque. Con sus más y sus menos, los profesionales del hospital tratan de ayudar, pero el hijo se empeña en un traslado a otro centro y ve conspiraciones en cualquier esquina. Intuimos que hay algo detrás de la irascibilidad de este personaje, una carencia que vuelca en una preocupación desmedida por su madre que llega a alcanzar niveles absurdos. Un buen trabajo, sea como sea, en la media de la Sección Oficial de este año.
Y así va trascurriendo el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. El lunes también fui a ver dos piezas del Jeonju Digital Proyect 2011, ligado a ese festival de Corea del Sur: el documental de Claire Denis To The Devil (interesante) y el experimento Un heredero de Jean-Marie Straub (pretencioso y aburrido, aunque no le guardo rencor). Lo que pasa es que andaba tan ensimismado con Límite y Tabú, que ni ganas de escribir sobre eso. Y para este miércoles me apatece salirme un poco por la tangente y probar con los ciclos África Hoy y Carta Blanca a Film Comment. Ya les cuento.
Este martes en los Multicines Monopol se proyectaron los primeros pases de dos películas de la Sección Oficial que abordan, ahí es nada, la desgracia de la enfermedad y la muerte. Una temática complicada en extremo y que ha dado lugar a toda una ristra de melodramas infumables a lo largo de la historia del cine. Afortunadamente, no es ese el caso de la alemana Stopped On Track y la rumana Best Intentions.
Ambas comparten, nunca mejor dicho, buenas intenciones, así como la voluntad de eludir los senderos más trillados, un cierto sentido del humor y algún pequeño guiño surrealista (¡esa máscara de conejo a lo Inland Empire!).
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| 'Stopped On Track' |
La dinámica familiar, que se pone a prueba en estas situaciones, es la otra pata sobre la que reposan estas historias. En Stopped On Track, un padre de clase media inicia un viaje de trayectoria previsible cuando le diagnostican un tumor cerebral, y el interés radica en la forma en que el actor Milan Peschel retrata a ese hombre que se pone delante de la cámara de su teléfono móvil, no para dejar un mensaje solemne a sus hijos o descubrirnos el secreto de la vida, sino para contar chistes, rememorar anécdotas y buscar en la introspección algún asidero una vez ha perdido la estabilidad de su vida anterior.
"Piense en su enfermedad como en un amigo", le aconseja una terapeuta, pero resulta obvio que ninguna actitud zen podrá ayudarle demasiado, y la película no elude los detalles escabrosos, manteniendo en todo momento el equilibrio y la contención.
Se podría pedir más, pero cuesta criticar lo que nos ofrece en este trabajo Andreas Dresen. Por su parte, Best Intentions parece (y lo digo desde un desconocimiento generalizado sobre el cine actual de Rumanía) un intento de repetir el éxito de La muerte del Sr. Lazarescu, cinta de ese mismo país que hace pocos años se alzó con importantes galardones en el circuito internacional de festivales y que ya nos sumergía de lleno en las entrañas del sistema sanitario.
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| 'Best Intentions' |
Best Intentions es una película no tan lograda, que tiene como protagonista a un joven que se desvive por ayudar a su madre ingresada tras sufrir un pequeño ataque. Con sus más y sus menos, los profesionales del hospital tratan de ayudar, pero el hijo se empeña en un traslado a otro centro y ve conspiraciones en cualquier esquina. Intuimos que hay algo detrás de la irascibilidad de este personaje, una carencia que vuelca en una preocupación desmedida por su madre que llega a alcanzar niveles absurdos. Un buen trabajo, sea como sea, en la media de la Sección Oficial de este año.
Y así va trascurriendo el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. El lunes también fui a ver dos piezas del Jeonju Digital Proyect 2011, ligado a ese festival de Corea del Sur: el documental de Claire Denis To The Devil (interesante) y el experimento Un heredero de Jean-Marie Straub (pretencioso y aburrido, aunque no le guardo rencor). Lo que pasa es que andaba tan ensimismado con Límite y Tabú, que ni ganas de escribir sobre eso. Y para este miércoles me apatece salirme un poco por la tangente y probar con los ciclos África Hoy y Carta Blanca a Film Comment. Ya les cuento.
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