Caen las hojas, llega el frío y vuelve la lluvia. Castañeras, setas en el campo, incipientes adornos de Navidad (y no tan incipientes) y una mantita en casa. Reconozco que el
otoño me encanta por todas esas cosas, pero especialmente porque es por estas fechas, cuando ya estamos en noviembre, cuando comienzan a desfilar cada vez más pelis interesantes por la cartelera.
Este año no podía ser menos, a pesar de que mis elecciones han tenido un resultado desigual. Os desgrano, muy brevemente, las últimas pelis que he podido disfrutar (o no) en las salas.
No basta una vida. Película pequeñoburguesa (como bien diría J.) que tanto gusta al cine europeo, especialmente francés, y que a priori parecía buena elección por los buenos datos que tenía en
Filmaffinity y las buenas críticas que había cosechado. Sin duda es
una de las peores películas que he visto este año, no sólo porque parece un plagio mal hecho de la colosal
Las invasiones bárbaras, sino porque es la típica peli pretenciosilla que va de profunda y se queda en ridícula, por ser fino.
Ferzan Ozpetek, director de la interesante
Hamam, el baño turco, reincide en la temática homo para ofrecernos una película engolada y sin alma que encima se adorna con una
banda sonora insufrible. Sólo merece la pena verla por algunos actores, que están de muy buen ver.
Un funeral de muerte. Todo el mundo sabe, o debería saber, que hacer una buena comedia es bastante más chungo que hacer un buen drama. Y
Frank Oz, a pesar del desastre de
Las mujeres perfectas, se vuelve a atrever con el género, esta vez con un
reparto totalmente inglés, que tiene mejor prensa en esto de la comedia, y desconocido, para concentrar la atención en lo que interesa, el argumento. Si bien no se trata de la comedia del siglo, ni siquiera del año,
Un funeral de muerte ofrece lo que promete: pasar un buen rato riendo en el cine, sin caer en exceso en la repetición, que, a todas luces, es más que suficiente en los tiempos que corren.
Elizabeth: la edad de oro. Aquí tenemos un caso perfecto de
bisutería fina: no sólo es excesivamente hortera de lo bonita que quiere parecer, sino que además no tiene demasiado valor cinematográfico. El experto en dramas históricos e intrigas palaciegas,
Shekhar Kapur, retoma las andanzas de la Reina Virgen, Isabel I de Inglaterra, para contarnos, en esta ocasión, su enfrentamiento contra los católicos, comandados por María Estuardo, contra el Imperio Español, encabezado por Felipe II, y contra sus propias necesidades personales frente a las obligaciones regias. Aunque
Elizabeth, la película que cuenta las primeras andanzas de la joven Isabel, ya denotaba impostados excesos en la dirección artística, un barroquismo que más o menos estaba compensado con una historia sólida, en esta segunda parte no sucede lo mismo. Kapur se deja llevar por
la autocomplacencia y el manierismo en una película que agota de tanta decoración, tantos tules y rasos, tanta pluma, tanto diálogo supuestamente brillante y tanto histronismo injustificado. Ni siquiera su, en principio, excelente reparto consigue salvar esta película
completamente prescindible.
Las 13 rosas. Este capítulo tan bonito de
Amar en tiempos revueltos (de hecho, hay algún actor de la serie que también está presente en el reparto de la película) es ideal para ver en familia y seguro que encantará a vuestras madres. Se trata de un drama coral bastante bien hecho para ser español, pero que peca de tendencioso (eso sí, no siempre), pero sobre todo, de excesivamente emocional.
Emilio Martínez-Lázaro, que a mi gusto se desenvuelve mejor en la comedia, seguro que cosechará premios y reconocimientos para esta cinta que, si bien formalmente es
correcta, cinematográficamente es
demasiado facilona. Para bien he de decir que el reparto y la ambientación están muy bien en general. ¿La peli del año en los Goya? Si
El orfanato le deja, tiene todas las papeletas.
Michael Clayton. Sin ser un peliculón,
Michael Clayton recoge el testigo de los
thrillers reivindicativos yankis para ofrecernos un competente capítulo más en el que podemos disfrutar de un argumento interesante, apasionante a veces, y de un reparto en estado de gracia. No sólo por
Tom Wilkinson y Tilda Swinton, de los que soy fan desde siempre, sino por
George Clooney, que no acababa de convencerme, y que en la peli está sencillamente soberbio. Esta cinta demuestra que la diversión hollywoodiense puede ir de la mano, sin molestarse mutuamente, de la conciencia moral.
Once. Muchas veces la emoción, así desnudita, sin disimulos, y expuesta en carne viva, puede llegar a
sonrojarnos. Es el caso de
Once, la peli sorpresa de la temporada, no sólo por ser una muy buena película, sino porque en ella se demuestra, una vez más, que, con poquitos medios y escaso presupuesto, es posible hacer trabajos de calidad como éste. Eso sí, prevengo al respetable de que la peli es todo amor, todo canciones (casi un musical) y todo candor, así que los más retorcidos lectores de este blog es probable que acaben con diabetes debido al exceso de azúcar sin refinar. No digo que sea la mejor peli del año, ni mucho menos, pero sí que tiene unas buenísimas intenciones, fantásticas interpretaciones y mucha emoción a bocajarro. Sólo apta para
ñoños incorregibles.
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