El laberinto del Fauno: poco sentido y mucha sangre

Guillermo del Toro sigue sin dar el pelotazo. Y mira que nos lo quieren vender como un nuevo Tim Burton, como una especie de cruce entre Peter Jackson y Terry Gilliam, incluso un seudo Alex de la Iglesia a la mexicana. Pero no, no es nada de ninguno de estos directores, aunque se parezca en cosas (entre ellas, en el sobrepeso). Los cineastas que he nombrado, con irregularidades, son geniales y, para bien o para mal, soberbios.
Del Toro tiene madera para serlo, pero no acaba de concretarse, a pesar de que El laberinto del Fauno parecía el producto perfecto para alumbrar lo que sería su primera gran película. Una filmografía irregular y, en general, bastante mediocre, sólo podía ofrecer como resultado una cinta correcta, pero carente de esa chispa que distingue lo bueno de lo mejor.
La película nos presenta dos realidades: una fantástica e irreal, procedente de la cabeza de la niña protagonista; otra, dura y terrible, la de los primeros años de posguerra civil, en una España donde el bando franquista intenta tomar a cualquier precio el control de un país desordenado, desesperanzado y empobrecido.
Aunque la mayoría de sus componentes sean correctos (guión, dirección, vestuario, ambientación, actores, música) y, en algunos casos, brillantes (como es el caso del diseño de los personajes fantásticos y los efectos especiales), la cinta presenta una carencia: un hilo conductor que sea capaz de dar cohesión a dos historias, la real y la fantástica,que caminan paralelas, pero que apenas tienen relación entre sí. A pesar de que la niña protagonista se nos presenta como ese hilo conductor, éste es a todas luces insuficiente, ya que no existe un argumento simbólico sólido en la supuesta realidad que dé sentido a la aventura mágica.
Las pocas incursiones que realiza la historia fantástica (la del Fauno) en la historia de posguerra (1945) no sirven para justificar la pertinencia y necesidad del mundo mágico, por eso a veces da la sensación de que sólo se trata de un espectáculo vacío que sirve como vehículo para materializar las creaciones imaginarias del propio director. ¿Por qué existe el Fauno, qué quiere, qué significa/supone/simboliza? Que la vida no es un cuento de hadas ya lo sabemos todos. Una moraleja tan obvia no puede dar sentido por sí sola a la película.
Lo más curioso de todo es que, pretendiendo contrastar el mundo de sueños con el de la cruda realidad, este último queda bastante mal parado ante lo que es un espectáculo lamentable de maniqueísmo cinematográfico. La película es demasiado cruda para que la vea un niño (otro de sus defectos es el exceso de sangre gratuita), pero demasiado ingenua y simple para un adulto, lo que le resta credibilidad por todos los lados.
A su favor diré que es entretenida y emocionante, que divierte, que es ágil y que está contada con destreza, aunque a veces subestime la inteligencia del espectador. Y es que ciertas pistas y claves del guión se explican tanto que a menudo resulta insultante: cualquiera que vea la película se dará cuenta por sí solo de las cosas sin necesidad de que se las mastiquen.
Respecto a los actores, no existe ninguno que destaque especialmente. Todos resultan mediocres y previsibles, salvo la pequeña protagonista, que enamora a la cámara en cada uno de los planos. Nunca fui fan de Maribel Verdú ni de Ariadna Gil, por eso no esperaba demasiado de ellas (menos mal, porque el acento de rústica que pone la Verdú es sonrojante muchas veces, por no hablar de la habitual impavidez de Ariadna), pero Sergi López y Álex Angulo están claramente por debajo de su talento. Mucho ha tenido que ver en ello sus personajes planos y grises, a los que es complicado sacarles jugo.
A pesar de que parece que acabo de ponerla a caer de un burro, me gustaría insistir en que no está mal para ver una tarde de domingo en el cine en plan palomitero. Porque, señores, esto no es una fábula de gran carga simbólica, una peli sesuda con moraleja donde aprendes algo de la vida y de ti mismo... Nada de eso. Es una historia para niños con tanta sangre que sólo la pueden ver los mayores. Eso sí, un aplauso a las ninfas, faunos y demás personajes de cuento. Su diseño a medio camino entre el gore, lo gótico y lo mágico hace de sus apariciones un auténtico espectáculo para la vista.
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