Tuesday, March 20, 2012

Viendo el festival (IV): Encontronazos vanguardistas de ayer y hoy presenta...

Por Ayoze García

Los dodecafonistas de la primera mitad del siglo XX, Schönberg y compañía, soñaban con que algún día en el patio del colegio los niños silbarían las melodías de sus composiciones. Ni que decir tiene que ese día nunca llegó, porque tanto en la música como en el cine hay vanguardias cuyos preceptos con el paso del tiempo acaban asimilados por el mainstream o cultura dominante, mientras que otros movimientos similares seguirán alejados del común de los mortales por los siglos de los siglos.

En esa segunda categoría incluiríamos la película brasileña Límite, dirigida en 1931 por Mário Peixoto y que aparece en el ciclo Los modernos: la eterna actualidad del cine mudo, uno de los platos fuertes dentro de la programación del Festival de Cine de Las Palmas.

'Límite'

Más de ochenta años después, Límite sigue siendo una obra de vanguardia pura y dura, de esas que suscitan admiración y confusión a partes iguales. Se dice que el cine mudo podía haber derivado hacia nuevos lenguajes, y que esa hipotética evolución quedó truncada con la aparición del sonoro. Pues bien, en esta película Peixoto estaba buscando nada más y nada menos que emancipar el séptimo arte de la limitación de los intertítulos, desarrollando una narrativa capaz de presentar tramas complejas sin recurrir a la palabra. Si hubiera tenido éxito y generado toda una corriente cinematográfica, sólo podemos dejar volar la imaginación pensando hasta dónde habrían llegado los planteamientos de Límite.

Así las cosas, hay que reconocer que el argumento (con dos mujeres y un hombre que tratan de huir en una barca que avanza a la deriva por el océano) resulta bastante difícil de seguir en un primer visionado. No obstante, eso no le resta mérito al despliegue visual de esta película, que compensa con creces sus deficiencias en la narración. Límite da para una tesis, así que sólo un apunte: además de los movimientos de cámara, que son de una modernidad apabullante, cualquier director actual podría aprender mucho de la forma en que Mário Peixoto hace que los paisajes expresen lo que los personajes no son capaces.

Y por cierto, hablando de cine vanguardista, ¿Tabú sí o Tabú no? La pregunta es ociosa: el estreno este lunes de la película de Miguel Gomes (que llegaba rodeada de una gran expectación tras su paso por Berlín) ha sido sin lugar a dudas uno de los eventos más importantes de la presente edición del Festival de LPGC.

'Tabú'

Por lo que he podido ver, Tabú se sitúa claramente por encima del resto de títulos presentados hasta ahora en la Sección Oficial, y además no merece la pena dedicar un solo momento a la polémica, porque ni mucho menos se trata de un ejercicio de cine festivalero y absorto. Todo lo contrario: si esta película no sirve para que por una vez el público amplio y los acólitos de la cinefilia (qué poco me gusta esa palabra) se den la mano, apañados estamos.

Luego ya podrá entusiasmarle a uno más o menos, claro está, pero es que estamos hablando de un trabajo con toques de humor y amables excentricidades, y que no debería disgustar a cualquiera que haya disfrutado viendo The Artist o leyendo una novela de Gabriel García Márquez. Aunque, en fin, puede ser que hoy día hasta eso sea pedir demasiado.

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